lunes, 20 de mayo de 2013

El castigo: contemplación del propio entierro


El castigo en ambas obras se nos ofrece como una “aventura inexplicable” (tal y como aparece titulado en varias ocasiones en la obra de Zorrilla). Al analizar este tema, nos adentramos en un mundo fantasmagórico y de ultratumba que rompe bruscamente con la realidad.

Dentro de este mismo tema, se encuadraría la contemplación del propio entierro. Este hecho no hará sino incrementar la agonía del protagonista masculino al enfrentarse a la consecuencia de sus actos.

En El estudiante de Salamanca don Félix de Montemar tiene una visión de una mujer que no aparece definida y por la que se deja llevar, entusiasmado ante la idea de un nuevo romance. Más tarde descubrirá la trampa, al ver que ya no camina entre los vivos sino que está ante la desdichada Elvira y ante el hermano de esta, al que dio muerte. La sensación de desasosiego aumentará cuando el conquistador observe su propio sepelio:




[…] el féretro mira don Félix pasar,
y al paso pregunta con su aire insolente
los nombres de aquellos que al sepulcro van.
Mas ¡cuál su sorpresa, su asombro cuál fuera,
cuando horrorizado con espanto ve
que el uno don Diego de Pastrana era,
y el otro, ¡Dios santo!, y el otro era él…!
1101





1107





En la obra de Espronceda asistimos además a la espeluznante visión de la dama como un esqueleto que incita al horror y da una poderosa carga tétrica al castigo sobrenatural que habrá de sufrir Montemar:

El carïado, lívido esquelo,
los fríos, largos y asquerosos brazos,
le enreda en tanto en apretados lazos, […]
1554


1556


Para tratar este tema en la obra zorrillesca, tomaremos la leyenda de El capitán Montoya. El protagonista, don César, tras burlar a una monja se dirige a un monasterio en el que se está velando a un difunto, cuál será su sorpresa cuando al acercarse compruebe que el difunto es él mismo:

Del catafalco a los pies
llegó entonces decidido,
de aquella duda impelido,
a ver el muerto quién es. […]
descubre, ase la mortaja,
y él mismo se encuentra en ella.
1299


1302
1305
1306
 

En general, esta aventura supondrá un escarmiento definitivo para el donjuán que quedará marcado. Si bien, la actitud que adoptará el galán puede tomar dos vías muy distintas: el arrepentimiento (como sería el caso de don César) o el desafío ante una situación extrema (representado por don Félix).

domingo, 19 de mayo de 2013

La venganza honorífica

 
Venganza

1. f. Satisfacción que se toma del agravio o daño recibidos.
2. f. desus. Castigo, pena.

(Definición extraída del DRAE)
 
Este tema tiene ya gran tradición literaria. La venganza se produce, en nuestras obras, siempre que una dama queda ultrajada. Esta tiene como figura vengadora un hombre, normalmente hermano o padre de la dama. Como vemos, esto se relaciona muy directamente con el drama de honor propio del Siglo de Oro, y para más concreción, con el teatro calderoniano (aunque también vemos este tema en otros autores como Lope de Vega, también conocido como el Fénix, por ejemplo en El castigo sin venganza). 
 
Tomando el hilo de mi entrada anterior, la venganza en el caso de El estudiante de Salamanca se desencadena tras la muerte de la ultrajada. Elvira, como ya hemos visto, decide quitarse la vida y con esto, poner fin a su sufrimiento amoroso. Su hermano, sabedor de este suceso, decide vengar la muerte de su hermana. Se dirige a una sala de juegos en donde se enfrentan directamente el conquistador, don Félix de Montemar, y el vengador, don Diego de Pastrana. Veremos a continuación un retrato de don Diego, en el que podemos observar la firme decisión de su venganza:
 
Pálido el rostro, cejijunto el ceño
y torva la mirada, aunque afligida,
y en ella un firme y decidido empeño
de dar muerte o perder la vida, […]

Más tarde veremos, que el duelo no es favorable para el vengador en este caso, que resulta muerto a manos de don Félix. 

Sin embargo, la venganza también puede presentarse a través de un deus ex machina, este es el caso de A buen juez, mejor testigo. En esta tradición toledana, el conquistador promete amor a la dama y luego afirma no haberlo hecho jamás. El único testigo que puede aseverar la verdad de doña Inés de Vargas es el Cristo de la Vega. En efecto, y aunque parecía imposible, el Cristo de la Vega apoya a la dama, vengándola: 




Jesús, Hijo de María,
ante nos esta mañana
citado como testigo
por boca de Inés de Vargas,
¿Juráis ser cierto que un día
a vuestras divinas plantas
juró a Inés Diego Martínez
por su mujer desposarla […]
Y allá en los aires - ¡Sí juro!
clamó una voz más que humana.
681






688
693
694


Sea como fuere, la venganza es el elemento que devuelve (o no) el orden que había sido alterado ya que el objetivo principal siempre es volver al statu quo que reconforta al ser humano.

El desengaño amoroso

Como ya hemos dicho anteriormente la conquista de la amada lleva de la mano el desengaño y abandono de la misma. Los donjuanes una vez conseguido el reto amoroso, pierden el interés y buscan nuevas aventuras con las que poner sal a sus vidas. 

Este es el comportamiento arquetípico de la figura del don Juan, que va desde los inicios del mito (El burlador de Sevilla y convidado de piedra, Tirso de Molina) hasta las obras románticas del siglo XIX que son objeto de nuestro estudio, culminando con la magnífica creación de José Zorrilla, la tan conocida obra Don Juan Tenorio. 

Para no alargarnos demasiado, pasaremos al análisis de este tema en las obras que nos conciernen. En El estudiante de Salamanca, el destino de la joven queda marcado desde los primeros versos (me remito a los versos "al fingido amador que la mentía [...], de la anterior entrada"). La joven queda desolada al descubrir que todo el amor jurado había sido una simple mentira.



¡Ah! Llora sí, ¡pobre Elvira!
¡triste amante abandonada!

248
249
Son ilusiones que fueron:
Recuerdos ¡ay! que te engañan,
sombras del bien que pasó…
Ya te olvidó el que tú amas.

239


243


En la obra de Espronceda, Elvira de Pastrana, no soportando el rechazo y engaño de su amado, da fin a su vida. Esto será un desencadenante fundamental en cuanto a la venganza. 



Murió de amor la desdichada Elvira,
cándida rosa que agostó el dolor,
süave aroma que el viajero aspira
y en sus salas el aura arrebató.
343


346


En Margarita la tornera, leyenda elegida también en esta ocasión, el desengaño se muestra de manera más visceral. Margarita es abandonada por don Juan, este continúa divirtiéndose con otras mujeres mientras ella vive los celos de una amante desdeñada. 
 
¡Ah!, los celos me devoran,
la envidia, el odio me abruman […]
Él me sedujo; él mis ojos
abrió a la luz de la culpa;
yo era una pobre inocente,
mi alma era cándida y pura.
1572
1573
1576


1579


Postal de El estudiante de Salamanca, doña Elvira de Pastrana