Como ya dijimos, todos estos temas se explican dentro de la leyenda donjuanesca. El elemento respecto al que gira toda la trama será el personaje masculino, nuestro donjuán. El mismo responde a un perfil de hombre valiente, pendenciero, conquistador y con altas dosis de altanería, junto a otros muchos adjetivos poco dignos de admiración.
Es este uno de los elementos más importantes, si no el que
más, de este tipo de leyendas. En El
estudiante de Salamanca, nuestro particular donjuán (don Félix de Montemar)
se nos presenta como un perfil claro de este legendario personaje en propias
palabras del autor:
Segundo don Juan Tenorio,
alma fiera e insolente,
irreligioso y valiente,
altanero y reñidor:
[…]
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Sin embargo, José de Espronceda decide ir aún más allá en la
caracterización del personaje y nos refiere un don Félix en cuya figura
podemos vislumbrar al mismísimo Lucifer, lo que sería toda una muestra de
anticlericalismo:
Segundo Lucifer que se levanta
del rayo vengador la frente herida alma rebelde que el temor no espanta hollada, sí, pero jamás vencida. |
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Esta irreligiosidad también queda patente en la
caracterización del personaje donjuanesco en Zorrilla, como podemos ver en Margarita la tornera:
Dice el padre: «aquí tenemos
misa, jubileo y honras, pláticas y ejemplos santos, que al cabo jamás estorban.» Dice el hijo: «¡Qué demonio! es una calle tan sola… no hay en toda ella una reja útil ni a cita ni a ronda.» |
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Lo más importante en este personaje es su ya conocida predilección por las mujeres. Este amor pasional lo conducirá a abandonar a sus amantes en
busca de nuevos amores que se conviertan en el reto que ansía para sentirse
vivo:
Corazón gastado, mofa
de la mujer que corteja,
y, hoy despreciándola, deja
la que ayer se le rindió.
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