miércoles, 22 de mayo de 2013

Fin del proyecto



Hasta aquí llega nuestro breve análisis del mito donjuanesco en la leyenda de El estudiante de Salamanca de José de Espronceda y las Leyendas de José Zorrilla. A lo largo de este blog hemos recorrido el camino del donjuán que ama, engaña y sufre.

Lo que queremos plasmar aquí es el mensaje que nos transmite el personaje principal de estas leyendas. Puede ser entendido de tantas formas como lectores haya. Aquí desearíamos subrayar el contenido educador que posee el desenlace del conquistador. Siempre acaba cambiando, o bien al morir altera su sustancia, o bien su actitud da un giro tras un acontecimiento que lo marca el resto de su vida.

En mi opinión, uno de los mensajes fundamentales de estas leyendas es el de no apartarse del comportamiento establecido, a riesgo de sufrir las consecuencias. Todos los donjuanes que hemos analizado actúan de la misma forma, puesto que siguen sus propios impulsos. En su castigo encontramos el último elemento de esta enseñanza moral. El orden impuesto por la sociedad vence siempre como código de conducta supremo del hombre.

En definitiva, aquí mostramos un punto de vista, pero, como ocurre con cualquier obra literaria, el lector es libre de interpretar aquello que ha leído. Esperamos, lector, que hayas disfrutado con nuestro blog, y que hayas aprendido o ampliado tu conocimiento.

Citando a un viejo amigo:

Vale.

lunes, 20 de mayo de 2013

Un frívolo conquistador


Como ya dijimos, todos estos temas se explican dentro de la leyenda donjuanesca. El elemento respecto al que gira toda la trama será el personaje masculino, nuestro donjuán. El mismo responde a un perfil de hombre valiente, pendenciero, conquistador y con altas dosis de altanería, junto a otros muchos adjetivos poco dignos de admiración. 

Es este uno de los elementos más importantes, si no el que más, de este tipo de leyendas. En El estudiante de Salamanca, nuestro particular donjuán (don Félix de Montemar) se nos presenta como un perfil claro de este legendario personaje en propias palabras del autor:


Segundo don Juan Tenorio,
alma fiera e insolente,
irreligioso y valiente,
altanero y reñidor:
[…]

100


103




Sin embargo, José de Espronceda decide ir aún más allá en la caracterización del personaje  y nos refiere un don Félix en cuya figura podemos vislumbrar al mismísimo Lucifer, lo que sería toda una muestra de anticlericalismo:


Segundo Lucifer que se levanta
del rayo vengador la frente herida
alma rebelde que el temor no espanta
hollada, sí, pero jamás vencida.
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Esta irreligiosidad también queda patente en la caracterización del personaje donjuanesco en Zorrilla, como podemos ver en Margarita la tornera: 

 

Dice el padre: «aquí tenemos
misa, jubileo y honras,
pláticas y ejemplos santos,
que al cabo jamás estorban.»
Dice el hijo: «¡Qué demonio!
es una calle tan sola…
no hay en toda ella una reja
útil ni a cita ni a ronda.»
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Lo más importante en este personaje es su ya conocida predilección por las mujeres. Este amor pasional lo conducirá a abandonar a sus amantes en busca de nuevos amores que se conviertan en el reto que ansía para sentirse vivo:


Corazón gastado, mofa
de la mujer que corteja,
y, hoy despreciándola, deja
la que ayer se le rindió.
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